Momento de enfoque – 19 de enero

Silencio y Centrado

“Estad quietos, y sabed que yo soy Dios; – Salmo 46:10

Confesión:

Hemos sido comprados por un gran precio, pero pecamos contra ti al elegir nuestros caminos sobre tus caminos. Nos invitas a un discipulado dinámico, pero somos tímidos, débiles y de corazón duro en nuestra respuesta para seguirte. Perdónanos, oh Dios, y que nuestros corazones sean revividos, que nuestras mentes se renueven y que nuestras voluntades se ajusten a las tuyas. En el Nombre de Jesús oramos. Amén.

PAUSA DE 2 MINUTOS DE SILENCIO

Lectura y devocional:

¿Qué debo hacer entonces? Pues orar con el espíritu, pero también con el entendimiento; cantar con el espíritu, pero también con el entendimiento.” 1 Corintios 14:15

La oración es uno de los aspectos más satisfactorios de la espiritualidad cristiana. Es el tiempo en el que nos apartamos simplemente escuchar a Dios, poner nuestras vidas en sus manos y orar en respuesta a los deseos de su corazón. En 1 Tesalonicenses 5:17, la Biblia nos dice: “Oren sin cesar”. En Juan 14:13-14, Jesús declara: “Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré. Pero quizás el pasaje más importante sobre la oración es cuando Jesús nos enseñó a orar en Mateo 6: 5-15.

Debido a que Primeros15 está destinado a despertar tu amor por Dios y llevarte a un encuentro transformador con él, no te guiaré a través de una exégesis de los versículos 9-15. Existen numerosos recursos (uno de los cuales señalaré en la lectura complementaria)para ayudarte a comprender mejor la profundidad y las aplicaciones de la oración modelo de Jesús. Sin embargo, quiero enfocar tu atención en los versículos 5-8 y llevarte a una definición más amplia para que tu vida de oración esté marcada por la cercanía de Dios. Recorramos ese texto y luego apliquémoslo como un modelo que usaremos diariamente en Primeros15. En Mateo 6: 5-8, Jesús dice:

“Cuando oren, no sean como los hipócritas, porque a ellos les encanta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas para que la gente los vea. Les aseguro que ya han obtenido toda su recompensa. Pero tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto. Así tu Padre, que ve lo que se hace en secreto, te recompensará. Y al orar, no hablen solo por hablar como hacen los gentiles, porque ellos se imaginan que serán escuchados por sus muchas palabras. No sean como ellos, porque su Padre sabe lo que ustedes necesitan antes de que se lo pidan”.

Primero, Jesús nos enseña que debemos orar en secreto. ¡Qué Dios tan asombroso tenemos que desea encontrarse con nosotros en secreto! Todos nosotros tenemos un anhelo de conocer a nuestro Creador de una manera particular, exclusiva para nosotros. Todos necesitamos un lugar secreto con nuestro Creador. Es vital para nuestra relación con Dios que dediquemos un tiempo para escucharlo y para hablar con él en forma personal. Es en este lugar secreto donde nuestra relación con él se profundizará y nuestras vidas se transformarán radicalmente.

A continuación, Jesús enseña a no “hablar solo por hablar”,simplemente para que se escuchen nuestras “muchas palabras”.Jesús deja en claro que la oración se trata más de la relación con el Padre que las palabras que decimos. La oración tiene más que ver con el corazón que los labios. Se trata de abrir nuestros corazones a Dios y dejar que él nos muestre su plan de transformación tanto en nuestras vidas como en el mundo que nos rodea. La Madre Teresa dijo: “La oración no es pedir. La oración es ponerse en las manos de Dios, a su disposición, y escuchar su voz en el fondo de nuestros corazones”. C. S. Lewis escribió: “No oro para cambiar a Dios. Oro porque tengo que hacerlo. Oro porque no puedo ayudarme a mí mismo. La oración no cambia a Dios. La oración me cambia a mí”.

¿Necesitas a Dios hoy? ¿Necesitas su presencia en tu vida? ¿Necesitas ser cambiado a través de un encuentro con tu Padre celestial? Tómate un tiempo en la oración guiada para “colocarte [a ti mismo] en las manos de Dios” y permítele cambiarte a través de su bondad y amor.

PAUSA DE 2 MINUTOS DE SILENCIO

El Padre Nuestro (reza lentamente esto)
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Ven, tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Y perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del maligno. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria para siempre, Amén.

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