Conexión Medio de Semana – 5 de Junio de 2019

Silencio, quietud y orientación ante Dios (2 minutos)

Lectura bíblica y devocional:

“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”. Romanos 8:14

¿En qué área de tu vida necesitas dirección? ¿Qué desafío, decisión o circunstancia te pesa? ¿Dónde necesitas hoy una palabra de Dios? Tenemos a nuestra disposición la guía más perfecta para llevarnos a lo largo de los giros, curvas y desafíos de esta vida de aventura. La Biblia dice en Romanos 8:14, “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios”. Como hijos del Dios Altísimo, se nos concede acceso completo a la guía del Espíritu Santo que mora en nosotros. Ningún hijo de Dios está exento de contar con esa guía. No ganamos este acceso por nuestro propio mérito. No ganamos más favor de Dios para recibir más de su guía. Dios nos ha dado a todos el don del Espíritu Santo porque nos ama. Él nos ha llenado con su Espíritu porque anhela guiarnos a la vida abundante que ha planeado para nosotros. Entonces, aprendamos hoy cómo podemos descubrir y seguir mejor este regalo de orientación que todos hemos recibido a través de Cristo en el Espíritu Santo.

Primero, es crucial reconocer que el Espíritu Santo y la palabra trabajan perfectamente juntos. Uno no contradice al otro. Tanto el Espíritu Santo como la palabra que éste inspiró, son vitales para vivir la vida cristiana. Y la palabra de Dios dice en Gálatas 5:16-18: “Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. Porque esta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. Pero, si los guía el Espíritu, no están bajo la ley”. La guía del Espíritu está en oposición directa al estilo de vida del mundo. Su deseo es siempre alejarnos del pecado que nos enreda en las perspectivas y presiones del mundo y enfocarnos en un estilo de vida de paz, alegría y relación íntima con nuestro Padre celestial. Toda su guía está dirigida hacia el objetivo de la vida abundante en Dios, de la plenitud de satisfacción en Dios en lugar del débil y fugaz placer en las cosas del mundo.

Entonces, ¿cómo seguimos a esta persona del Espíritu Santo hacia esa vida abundante? Gálatas 5:25 dice: “Si el Espíritu nos da vida, andemos guiados por el Espíritu”. ¿Cómo podemos andar “guiados por el Espíritu”? Todo comienza con pasar tiempo para conocer cómo es el Espíritu Santo. Él tiene una personalidad. Él tiene una voz. Su guía hacia nosotros se siente de determinada manera. Así como conoces a una persona, puedes conocer al Espíritu Santo. Y la mejor manera de aprender acerca de él es uno a uno o cara a cara. A menudo esperamos hasta estar en público, o justo antes de una situación altamente estresante, para pedir la guía del Espíritu. Pero es en el lugar secreto donde aprendemos a cómo escuchar el sonido de su voz para discernir su guía en la prisa y el estrés del mundo cotidiano. Es en el lugar secreto donde crecemos en relación con el Espíritu Santo para que podamos seguir sus pasos a través de los giros y vueltas de nuestro día.

Juan 16:13 dice: “Pero, cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá solo lo que oiga y les anunciará las cosas por venir”.  El Espíritu Santo está emocionado de hablarte acerca de lo que él oye del Padre celestial. Él anhela declararte los planes de Dios para amarte, proveerte, sanarte, transformarte y liberarte. Él anhela guiarte a la plenitud de la vida disponible para ti aquí. Pasa tiempo hoy conociendo al Espíritu Santo en el lugar secreto. Mientras oras, pide a Dios que se revele a ti mismo. Pasa tiempo en oración descansando en la presencia del Dios que mora dentro de ti, que está más cerca de ti que el suelo que pisas.

Pregunta a considerar: ¿Qué palabra o frase se destaca a usted. ¿Qué podría estar diciendo Dios a ti?

Oración: Concluir con silencio (2 minutos)

El Padre Nuestro (reza lentamente esto)
Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Ven, tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Y perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del maligno. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria para siempre, Amén.

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