Devocional de Cuaresma – 29 de febrero de 2020

Silencio y centrado

Salmos 46:10 (NTV)

¡Quédense quietos y sepan que yo soy Dios!

PAUSA POR 2 MINUTOS DE SILENCIO

Lectura y devocional:  Génesis 22:1-14 (NTV)

Tiempo después, Dios probó la fe de Abraham. —¡Abraham! —lo llamó Dios. —Sí —respondió él—, aquí estoy.

—Toma a tu hijo, tu único hijo —sí, a Isaac, a quien tanto amas— y vete a la tierra de Moriah. Allí lo sacrificarás como ofrenda quemada sobre uno de los montes, uno que yo te mostraré.

A la mañana siguiente, Abraham se levantó temprano. Ensilló su burro y llevó con él a dos de sus siervos, junto con su hijo Isaac. Después cortó leña para el fuego de la ofrenda y salió hacia el lugar que Dios le había indicado. Al tercer día de viaje, Abraham levantó la vista y vio el lugar a la distancia. «Quédense aquí con el burro —dijo Abraham a los siervos—. El muchacho y yo seguiremos un poco más adelante. Allí adoraremos y volveremos enseguida».

Entonces Abraham puso la leña para la ofrenda sobre los hombros de Isaac, mientras que él llevó el fuego y el cuchillo. Mientras caminaban juntos, Isaac se dio vuelta y le dijo a Abraham:

—¿Padre? —Sí, hijo mío —contestó Abraham. —Tenemos el fuego y la leña —dijo el muchacho—, ¿pero dónde está el cordero para la ofrenda quemada?

—Dios proveerá un cordero para la ofrenda quemada, hijo mío —contestó Abraham.

Así que ambos siguieron caminando juntos. Cuando llegaron al lugar indicado por Dios, Abraham construyó un altar y colocó la leña encima. Luego ató a su hijo Isaac, y lo puso sobre el altar, encima de la leña. 10 Y Abraham tomó el cuchillo para matar a su hijo en sacrificio. 11 En ese momento, el ángel del Señor lo llamó desde el cielo:

—¡Abraham! ¡Abraham! —Sí —respondió Abraham—, ¡aquí estoy! 12 —¡No pongas tu mano sobre el muchacho! —dijo el ángel—. No le hagas ningún daño, porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo. 13 Entonces Abraham levantó los ojos y vio un carnero que estaba enredado por los cuernos en un matorral. Así que tomó el carnero y lo sacrificó como ofrenda quemada en lugar de su hijo. 14 Abraham llamó a aquel lugar Yahveh-jireh (que significa «el Señor proveerá»). Hasta el día de hoy, la gente todavía usa ese nombre como proverbio: «En el monte del Señor será provisto».

 

Este es uno de los pasajes más conocidos y difíciles de la Biblia. Abraham es presentado en Génesis 12 como aquel a través del cual “todos los pueblos de la tierra” serán bendecidos (Génesis 12: 1-3). Y así, cuando llegamos a la escena de arriba, encontramos que lo que comenzó como el llamado de Dios a Abraham para que abandone su hogar ahora ha alcanzado un clímax dramático. Dios ahora ha incluido en ese llamado el sacrificio supremo y la prueba de la fe de Abraham: la voluntad de sacrificar a su único hijo. El dolor y la conmoción de este momento aumentan por el hecho de que Abraham y su esposa, Sarah, habían esperado años sin ver el cumplimiento de la promesa de Dios de un hijo. La promesa de Dios de que una nación vendría a través de su familia parecía imposible para Abraham y Sarah, dada su incapacidad para tener un hijo.

Entonces, ahora que ha respondido sus oraciones y les ha dado un hijo, Dios le ha pedido a Abraham que haga algo que parece completamente cruel e irracional. ¿Cómo creará Dios un pueblo a través del sacrificio del único heredero de Abraham? ¿Cómo conducirá esta muerte a las bendiciones prometidas en Génesis 12? La respuesta llega cuando pasamos de los eventos de la vida de Abraham a los eventos de la vida de Jesús.

Al reflexionar sobre esta historia de fe y sacrificio a la luz de esta temporada previa a la Semana Santa, tómese el tiempo para reflexionar sobre la forma en que presagia la fe y el sacrificio de Jesús. La declaración de Abraham de que Dios mismo proveerá el cordero (Génesis 22: 8) nos recuerda el don de Dios del Cordero para salvar al mundo (Marcos 10:45; Juan 1:29, 36). La provisión de Dios del carnero en el Monte Moriah presagia el sacrificio de su único hijo, Jesucristo, el verdadero Cordero sin mancha que murió en nuestro lugar en la cruz. Al igual que Isaac, Cristo es el cordero llevado a la matanza, pero a diferencia de Isaac, Jesús no abrió la boca. Así como Isaac llevó su propia madera para el altar, Cristo llevó su propia cruz de madera (Juan 19:17). Regrese y vuelva a leer el pasaje con los ojos fijos en Jesús, el autor y perfeccionador de su fe (Hebreos 12: 2).

Oración

Santo Padre, te agradezco y te alabo por enviar a tu único Hijo al mundo. Dame ojos para ver la belleza y la perfección de Jesús, el Cordero inmaculado que voluntariamente se sacrificó para que yo pudiera recibir el perdón y una nueva vida. Y a la luz de tu gracia, puedo vivir una vida de fe, confiando en tu bondad y dando mi vida por los demás. En el nombre de Cristo, amén.

PAUSA POR 2 MINUTOS DE SILENCIO

Padre Nuestro (lentamente reza esto) Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino, Hágase tu voluntad en la tierra, como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Y perdona nuestras ofensas, como perdonamos a los que nos ofenden. Y no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del maligno. Para ti es el reino, el poder y la gloria para siempre, Amén.

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