Oficina del día de reposo: 11 de Junio de 2021

Silencio y centrado: pausa durante 5 minutos de silencio

“Estad quietos y reconoced que yo soy Dios; – Salmo 46:10

Confesión:

Señor Jesús, te damos gracias por vaciar Tu vida por nuestros pecados, tal como lo planeó nuestro Padre. Sin tu muerte y resurrección, no tendríamos ningún rescate de la maldad de este mundo. Pero te confesamos, Señor, nuestra tendencia humana a volver a los viejos patrones de pensar y hacer mientras tratamos de recuperar el control de nuestras vidas. Ten piedad de nuestra necedad y perdónanos completamente por resistir la gracia de tu evangelio. Vuelve a alinear nuestro pensamiento con la verdad de Tu Palabra, para que podamos caminar una vez más en verdadera libertad. Te lo pedimos humildemente en el nombre de Cristo. Amén.

PRIMERA LECTURA: Salmo 92: 1-4

¡Cuán bueno, SEÑOR, es darte gracias

    y entonar, oh Altísimo, salmos a tu nombre;

2 proclamar tu gran amor por la mañana,

    y tu fidelidad por la noche,

3 al son del decacordio y de la lira;

    al son del arpa y del salterio!

4 Tú, SEÑOR, me llenas de alegría con tus maravillas;

    por eso alabaré jubiloso las obras de tus manos.

SEGUNDA LECTURA: Marcos 4: 1-20

De nuevo comenzó Jesús a enseñar a la orilla del lago. La multitud que se reunió para verlo era tan grande que él subió y se sentó en una barca que estaba en el lago, mientras toda la gente se quedaba en la playa. 2 Entonces se puso a enseñarles muchas cosas por medio de parábolas y, como parte de su instrucción, les dijo: 3 «¡Pongan atención! Un sembrador salió a sembrar. 4 Sucedió que al esparcir él la semilla, una parte cayó junto al camino, y llegaron los pájaros y se la comieron. 5 Otra parte cayó en terreno pedregoso, sin mucha tierra. Esa semilla brotó pronto porque la tierra no era profunda; 6 pero, cuando salió el sol, las plantas se marchitaron y, por no tener raíz, se secaron. 7 Otra parte de la semilla cayó entre espinos que, al crecer, la ahogaron, de modo que no dio fruto. 8 Pero las otras semillas cayeron en buen terreno. Brotaron, crecieron y produjeron una cosecha que rindió el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno.

9 »El que tenga oídos para oír, que oiga», añadió Jesús.

10 Cuando se quedó solo, los doce y los que estaban alrededor de él le hicieron preguntas sobre las parábolas. 11 «A ustedes se les ha revelado el secreto del reino de Dios —les contestó—; pero a los de afuera todo les llega por medio de parábolas, 12 para que

»“por mucho que vean, no perciban;

    y por mucho que oigan, no entiendan;

no sea que se conviertan y sean perdonados”.[a]

13 »¿No entienden esta parábola? —continuó Jesús—. ¿Cómo podrán, entonces, entender las demás? 14 El sembrador siembra la palabra. 15 Algunos son como lo sembrado junto al camino, donde se siembra la palabra. Tan pronto como la oyen, viene Satanás y les quita la palabra sembrada en ellos. 16 Otros son como lo sembrado en terreno pedregoso: cuando oyen la palabra, en seguida la reciben con alegría, 17 pero, como no tienen raíz, duran poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se apartan de ella. 18 Otros son como lo sembrado entre espinos: oyen la palabra, 19 pero las preocupaciones de esta vida, el engaño de las riquezas y muchos otros malos deseos entran hasta ahogar la palabra, de modo que esta no llega a dar fruto. 20 Pero otros son como lo sembrado en buen terreno: oyen la palabra, la aceptan y producen una cosecha que rinde el treinta, el sesenta y hasta el ciento por uno».

REFLEXIÓN:

ORACIONES:

En paz, oremos al Señor: Señor, ten piedad.

En acción de gracias al Altísimo, que plantó su santa palabra entre nosotros; y para el crecimiento saludable de la Iglesia, para que podamos capear los vientos tempestuosos de este mundo firmes en Cristo, llevando siempre los frutos del amor y cantando alabanzas a Su nombre, roguemos al Señor: Señor, ten piedad.

Por la predicación y enseñanza de la Santa Palabra de Dios, para que por su Espíritu brote y crezca cuando y donde quiera a Dios, roguemos al Señor: Señor, ten piedad.

Por esta y por todas las congregaciones, para que el reino de Dios se extienda y tengamos corazones agradecidos para maravillarnos de su obra, oremos al Señor: Señor, ten piedad.

Y para que Dios envíe obreros fieles a sus campos para esparcir su semilla aquí y en el exterior, para que a su debido tiempo se pueda segar una cosecha para su gloria, roguemos al Señor: Señor, ten piedad.

Por nuestros hogares y familias, para que el Señor haga fructíferos los esfuerzos de los padres en la enseñanza de sus hijos y los preserve en la fe salvadora de Jesús de acuerdo con las promesas que Él ha dicho y que seguramente cumplirá, roguemos al Señor: Señor ten piedad.

Para aquellos en posiciones de autoridad entre nosotros, [especialmente _____________,] que Dios los guíe por Su Espíritu a ser elevados en propósito, sabios en consejos, firmes en buena resolución e inquebrantables en el deber; y por nuestra nación y su gente, para que seamos gobernados tranquila y pacíficamente, oremos al Señor: Señor, ten piedad.

Por los que tienen toda necesidad, [especialmente ________________,] oremos al Señor: Señor, ten piedad.

Por todos los siervos de Dios que gimen bajo las cargas de esta tienda terrenal y anhelan ser revestidos de Su vida eterna, la cual absorberá todo dolor mortal [especialmente aquellos que lloran _______________]; que les daría valor para caminar por la fe y no por la vista, para llorar a los muertos con la esperanza de la resurrección, y para que su objetivo sea complacerlo mientras están aquí en el cuerpo, hasta que por fin estemos todos en casa con Cristo, oremos al Señor: Señor, ten piedad.

Santo Padre, de Israel has tomado una ramita tierna, tu Mesías elegido, Jesús, y lo has plantado en el monte para nuestra salvación. Con Su muerte en un árbol, has revertido la maldición del pecado y has vuelto a dar vida a las almas secas y polvorientas. No dejes que despreciemos a Tu Cristo, Su humildad o Su sufrimiento, sino llévanos con todos Tus cristianos a la sombra de Su descanso eterno; por el mismo Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, que vive y reina contigo y el Espíritu Santo, un solo Dios, ahora y por los siglos. Amén.

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