Oración centrada y devocional

Contemplative Prayer – Saint John Neumann

La Oración de Bienvenida para la Sanación – Oración Centrante (Por favor, tome conciencia de su estado interior y repita esta oración). Dios, doy la bienvenida a todo lo que me viene en este momento. Dios, sé que es para mi curación. Dios, doy la bienvenida a todos los pensamientos y emociones. Dios, dejo ir mi deseo de control. Dios, dejo ir mi deseo de aprobación. Dios, dejo ir mi deseo de cambiar a la gente. Dios, me abro a tu amor. Dios, me abro a tu gracia sanadora. Ahora inhalaremos lentamente por la nariz y luego exhalaremos lentamente por la boca mientras repetimos una palabra, “Amén”, 3 veces, mientras nos reenfocamos en nuestra Nueva Realidad Sobrenatural Jesús: Amén. Amén. Amén.

Confesión: La vida que disfrutamos en Ti vino como un regalo gratis, pero jugamos a hacer creer que podemos devolverte el dinero, como si eso fuera algo que Tú pediste o incluso fuera posible. Hemos convertido Tu regalo en una transacción y retrocedemos hacia la tumba de la cual fuimos salvados libremente. Pero en Tu gracia, caemos solo para encontrar que la tumba fue cerrada en la resurrección de Jesús. Perdónanos por esforzarnos por devolver el regalo de la vida que nos ganaste en la cruz. Siendo salvos y aceptados a través de Tu don gratuito, sigamos a Jesús y rebosantes de gratitud. En el nombre de Jesús oramos. Amén. Lectura de la Biblia y devocional:

MEDITACIÓN DIARIA: MATEO 10: 34-11: 1 No penséis que he venido a traer la paz. (Mateo 10:34)

¿No quiere Jesús que nos llevemos bien? Esa es una pregunta justa, dado el Evangelio de hoy. Sus palabras pueden sonar tan duras. ¿Realmente quiere que nos convirtamos en enemigos de la gente de nuestra propia casa? No. Pero aunque Jesús no quiere que andemos causando problemas, quiere que sepamos que hay ocasiones en las que seguirlo puede resultar en conflicto con sus seres queridos. Según los Padres del Vaticano II, se supone que la familia es “la iglesia doméstica”, el lugar donde se enseña la fe y se anima a crecer (Lumen Gentium, 11).

Pero todos tenemos familiares, cercanos o distantes, cuyas creencias religiosas y expectativas morales son diferentes a las nuestras. Entonces, si estamos tratando activamente de seguir a Jesús, no es de extrañar que a veces encontremos cierta resistencia en nuestros hogares. Muchos de los santos más grandes de la Iglesia experimentaron esto. Santa Catalina de Siena, por ejemplo, se resistió a los esfuerzos de sus padres para obligarla a casarse. La familia de Santo Tomás de Aquino lo encerró en una torre y contrató a una prostituta para tentarlo. Santa Clara de Asís se escapó de su casa para reunirse con San Francisco y rechazó los intentos de sus padres de traerla de regreso. Pero ninguno de estos héroes de la fe arremetió ni buscó venganza. Hicieron todo lo posible por amar y perdonar. Jesús nunca dice que no deberíamos amar a nuestra familia. De hecho, algunos de nuestros conflictos pueden ser el resultado de nuestro propio orgullo o falta de amor.

Pero cuando centramos nuestras vidas en Jesús y hacemos de servirle nuestra máxima prioridad, ¡él promete que podremos amar mejor a los miembros de nuestra familia! Seremos más indulgentes, más comprensivos y más pacientes cuando surjan conflictos. No siempre es fácil vivir juntos en paz. A veces causamos los conflictos y otras veces no. Pero si estás tratando de seguir a Jesús, él encontrará la manera de sacar el bien de cualquier situación. Así que ore por su propia fe y por la fe de sus seres queridos, y confíe en que con Dios todo es posible. ¡Incluso aceptación, cambio, conversión y reconciliación! “Jesús, ayúdame a ser fiel a tu ley de amor”.

Concluya con 5 minutos de oración en silencio

El Padre Nuestro (reza lentamente esto) Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Y perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del maligno. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria para siempre. Amén.

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